Las relaciones con personas abusivas siempre son complicadas y difíciles de gestionar. Y no se trata de algo nuevo porque este tipo de personas ha existido siempre. Lo que ha cambiado es la conciencia que tenemos sobre ellas.
Tampoco es que ahora haya más personas abusivas y narcisistas que antes. Lo que ocurre es que, en este momento, somos mucho más conscientes de que con ellas se repite un mismo patrón de comportamiento que refleja el debilitamiento del propio yo de la otra persona. Cuando nuestra autoestima, nuestros límites internos o nuestro sentido de merecimiento están dañados, dejamos abierta la puerta a vínculos en los que el abuso puede entrar y “atraparnos” de manera sútil.
Para salir del ciclo tóxico que se crea, y empezar a construir vínculos más sanos, es necesario entender cómo funcionan estas relaciones y por qué las atraemos. Y, no se trata de señalar al otro, sino de mirar hacia dentro y descubrir qué aspectos de nosotros mismos necesitan fortalecerse para no volver a caer, una y otra vez, en lo mismo.
¿Qué dinámica que se repite en las relaciones con personas abusivas?
En este tipo de relaciones suele repetirse una dinámica muy característica que yo suelo definir como “una de cal y una de arena”.
De hecho, rara vez la relación comienza con un maltrato evidente. Al contrario, los primeros gestos suelen ser de cariño, detalles y atenciones que generan un fuerte lazo emocional. Esa es la “arena”: momentos agradables que alimentan la ilusión y refuerzan la conexión.
Pero, con el tiempo, comienzan a aparecer actitudes que hieren. Entre otras, comentarios despectivos, faltas de respeto sutiles, manipulación disfrazada de preocupación, silencios que castigan o miradas que humillan. Esa es la “cal”, que quema y duele.
Sin embargo, como después de cada gesto doloroso suele llegar una muestra de afecto, o reconciliación, la persona abusada termina normalizando la herida. Se convence de que aquello desagradable no fue tan grave. Porque, enseguida, fue compensado con un momento tierno.
Con el tiempo, el problema es que las dosis de arena se hacen cada vez más escasas mientras que la cal se vuelve más frecuente y evidente. Y la relación se transforma en un ciclo de desgaste emocional en el que la persona afectada se aferra a los pequeños destellos de arena para justificar soportar la cal constante.
Lo que es innegociable en una relación
Hay cosas que son incuestionables en toda relación y es importante que seamos capaces de reconocerlas. Y esta es una de las claves: aprender a distinguir con claridad aquello que, bajo ninguna circunstancia, debería ser aceptado.
Las faltas de respeto, la agresividad (aunque sea en formas muy suave), los comentarios hirientes, la manipulación, la indiferencia frente a nuestras emociones, la falta de empatía o la ausencia de voluntad de mejorar la relación, son señales claras de que algo no está bien.
Poco a poco, estas actitudes minan la autoestima de quien las recibe. Aunque, a veces, pasen desapercibidas porque no son llamativas ni violentas de manera evidente.
Como indicaba hace un momento, decir “no” a estas conductas es innegociable.
Y no se trata de esperar a que la otra persona cambie. Sino de asumir nuestro propio poder interno de poner límites. Es tener claro que esto no lo permito, esto no lo acepto y no lo quiero en mi vida.
Normalmente, la dificultad está en que, cuando una persona tolera este tipo de situaciones, ya viene cargando heridas en su autoestima que le hacen sentir que no merece algo mejor.
El abuso. ¿Por qué lo permitimos?
Algo obvio es que nadie acepta conscientemente ser maltratado.
Sin embargo, lo que sostiene las relaciones con personas abusivas son creencias profundas que operan desde lo inconsciente. Una baja autoestima, la sensación de no ser suficiente, el miedo a la soledad, o la necesidad desesperada de afecto, hacen que la persona tolere actitudes que le lastiman.
En el fondo, lo que ocurre es que normalizamos lo que recibimos porque no hemos aprendido a darnos ese lugar que merecemos.
Si dentro de mí hay una voz que dice “no valgo lo suficiente”, “tengo que aceptar lo que me dan” o “es mejor esto que nada”, es muy probable que permita que la cal siga llegando a mi vida. Y cada vez que lo hago, mi autoestima se erosiona un poco más.
Este círculo vicioso es lo que perpetúa el patrón. Cuanto más daño recibo, más se debilita mi valor interno, y cuanto más debilitada/o estoy, más difícil me resulta poner un límite.
Cómo dejar de atraer este tipo de relaciones poco saludables
Me gustaría comenzar aclarando que romper el patrón no tiene que ver con identificar y evitar a las personas abusivas. Sino con sanar lo que en mí permite que ese vínculo exista.
Por supuesto, no se trata de huir del otro. Más bien, de mirar dentro y descubrir cuáles son las creencias y condicionamientos que me impiden decir “no” a lo que me daña.
Tampoco significa encontrar a la persona “correcta”. Sino convertirme en alguien que ya no está dispuesta/o a seguir recibiendo lo que la lastima. Porque, en el fondo, lo que atraemos refleja lo que creemos merecer. Cuando reconocemos nuestro valor y nos damos el lugar que nos corresponde, el patrón se rompe y se abre espacio para que entren en nuestra vida relaciones más auténticas, amorosas y conscientes.
Dejar de atraer este tipo de relaciones implica trabajar en la propia autoestima, reconectar con el merecimiento profundo de amor y respeto, y aprender a poner límites firmes desde la claridad y la seguridad interior.
El trabajo ha de ser interno. E implica fortalecer el yo para que no tolere la cal, para que tenga la valentía de retirar la mano antes de quemarse, para que pueda reconocer que merece vínculos donde lo normal sea la arena, y no la excepción.
Este proceso no es inmediato. Pero, cada paso hacia la conciencia y la autoafirmación va debilitando el patrón. Con el tiempo, la energía que antes sostenía relaciones abusivas se transforma en fuerza interior para atraer vínculos más sanos, equilibrados y respetuosos.
Antes de despedirme, quiero recordarte que si reconoces que estás en una relación tóxica y abusiva, no lo ignores. Atrévete a dar el primer paso: mirar hacia dentro y empezar a trabajar en ti.
No necesitas esperar a que la otra persona cambie para liberarte de lo que te daña. Y recuerda que no tienes que hacerlo sola: buscar apoyo y dejarte acompañar puede marcar una gran diferencia en tu proceso de transformación.
Si sientes que este es tu momento para sanar y liberarte de patrones que limitan tu capacidad de amar y ser amada/o, te invito a explorar este camino conmigo. Juntas/os podremos descubrir cuáles son esas creencias que te atan al abuso y transformarlas en una base sólida para construir relaciones conscientes y plenas. ¡Aquí me tienes para ayudarte!